sábado, 6 de abril de 2013

Venezuela

"El que no quiere a su patria, no quiere a su madre", así lo dice una canción. Yo soy venezolano y aunque estos últimos días suene trillado y digan “¿Ahora es que te vienes a dar cuenta de que eres venezolano?” en tono burlón, parece que es necesario decirlo y repetirlo miles de veces para que se acuerden que se puede ser (y somos) venezolanos y pensar como te parezca y no necesariamente vestirte de un solo color y pensar como te manden a pensar. Soy venezolano de los que vivimos el día a día en un país dónde nunca se sabe si al final del día estaremos vivos, y donde al final de la jornada solo queda dar gracias a Dios por permitirnos estar con los que queremos. Mi país se ha convertido en un campo de guerra, en donde al venezolano de a pie lo envían todos los días a la batalla, desarmado, con nada más que sus esperanzas de progresar, su fe en Dios que lo traiga sano y salvo a su casa y sus ganas de salir de abajo, mientras al enemigo, que son los criminales, los corruptos, los opresores (entre otros), los arman con el arma mas destructiva para este país, que es la impunidad, como si la verdadera guerra fuese contra los venezolanos mismos. A mi si me duele mi país, no soy ni vende patria, apátrida, burgués, imperialista, ni cualquier adjetivo que los que piensen distinto a mi les provoque usar en mi contra. Yo soy venezolano, de los que se les infla el pecho cuando escucha el himno nacional en cualquier lugar del mundo o de los que se hacen los duros para no llorar con la letra de la canción titulada "Venezuela", de los que les duele ver al país destruido y en manos de incompetentes, de criminales tanto tradicionales como de cuello blanco y guantes de seda, de los que les duele que se interpreten las leyes a gusto y conveniencia de los que tienen poder para controlarlo. Ya basta de los tiempos de miseria. De que te roben y que el consuelo sea "Da gracias a Dios que no te paso nada". De que caminemos por la calle con miedo a que la necesidad del marginado nos quite la vida a cambio de un celular, un carro o dinero. De que el que se supone es mi hermano, por haber nacido en el mismo país donde yo nací, me maldiga, insulte y descalifique, solo por no pensar igual que el y por seguir las acciones de los falsos líderes. De que todos los días veamos a alguien en un ataúd, alguien que conocimos, que quisimos y qué fue quizás nuestro amigo, hermano, padre, madre o quizás un simple conocido, al que la violencia del país en el que vivimos se haya llevado. Que nuestra calidad de vida este tan por debajo de lo que debería, que en un supermercado te alegres el día que consigas todo lo que te hacia falta. Que la corrupción llegue al nivel más vil y descarado, de estar en el punto de no saber si temerle más a los criminales o a las autoridades. De que los servicios públicos no sirvan, o de que los beneficios que deberían facilitarle la vida al ciudadano, sean un total caos, por el que hay que mendigar. De que para conseguir trabajo en el sector público, tengas que arrodillarte a los intereses del gobierno de turno, gritar una consigna, usar la franela de un color y nunca haber demostrado con una firma estar en contra d un mandatario, ya basta de que nuestros familiares o amigos cercanos tengan que irse del país buscando mejores oportunidades o bajo amenazas de delincuentes... Se que me quedo corto al mencionar los problemas de mi país, pero se que la idea esta allí, y que los verdaderos venezolanos, los que DE VERDAD vivimos aquí en la Venezuela que describo, en este campo de guerra donde nos toco vivir (y no en ese mundo mágico, en esa falacia en la que viven los demagogos con la cual apelan al sentimiento del pueblo para ganar elecciones) sabrán darme la razón y decir que ya basta y que es justo y necesario empezar a cambiar este país, nuestro país... Como diría un reconocido escritor venezolano "La indolencia, señores… ha llegado a su fecha de vencimiento"

Juan L. Quintero.

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