viernes, 12 de abril de 2013

Ícaro emocional

Yo era el campeón mundial en llevarme la contraria. La estupidez humana no podía tener mayor artífice que yo y lo sabia, sin embargo así estaba yo noche tras noche y día tras día, tratando de convencer a mi corazón de usar mi cerebro a conveniencia para no llevarnos a los dos al precipicio del desamor.

Y no importo lo mucho que lo intente, al final allí estábamos los dos, mi corazón y yo en ese laberinto de desamor que yo mismo me invente y del cual yo, amo y señor  de las incoherencias del amor, pensaba salir utilizando las mismas causas, motivos y razones que me habían llevado hasta allí.

Estaba yo entonces en una analogía mitológica, de un tal Ícaro atrapado una vez en un laberinto… Yo sabia que no acabaría distinto. Era solo cuestión de lógica e instinto saber que siendo victima de las metáforas, el buen Ícaro y yo acabaríamos de la misma forma.

La primera metáfora, de toda esta desdichada historia fue ese laberinto que me hacia sentir la mas grande escoria y del cual pude salir en cualquier momento, si solo hubiese tenido el valor de olvidar el motivo de mi tormento, mi segunda metáfora… Una mujer. Tan cálida, atractiva y llamativa como el sol que una vez atrajo a Ícaro.

La tercera metáfora fueron las alas que yo mismo fabriqué a base de esperanzas de estar con ella y el amor que le tenia. Esas que fabriqué a pesar que no debía. Por mas bella que ella fuese, por muy mal que me tuviese, no debía, pero aun así a diario las usé.

Y una cuarta y ultima metáfora. El mar. La tumba de Ícaro. El mío es un mar de tristeza y depresiones, de lagrimas y decepciones en donde a ella al parecer no le importa verme caer y caer una y otra vez.

Ícaro intento salir volando con las alas que el mismo construyo y al acercarse demasiado al sol, la cera con la que pego sus alas se derritió, llevándolo a morir en las aguas de un mar bravío.

Ese soy yo. El Ícaro emocional que hizo y hace lo mismo, al hacerse ilusiones cuando un día ella me ama y al siguiente se olvida que existo, y que sigue con con su capricho de acercarse al sol, aun sabiendo que al final no tendrá mas que tristeza, lagrimas y dolor, pero aun así sigue queriendo sentir su calor, su olor y su amor…

Yo caigo al mar y revivo dentro de ese laberinto, para volver a pasar por todo esto. La única diferencia entre Ícaro y yo fue que el murió y yo muero lento día tras día mientras termino y comienzo de nuevo este cuento.

                                      MicaroV

Juan L. Quintero

sábado, 6 de abril de 2013

Venezuela

"El que no quiere a su patria, no quiere a su madre", así lo dice una canción. Yo soy venezolano y aunque estos últimos días suene trillado y digan “¿Ahora es que te vienes a dar cuenta de que eres venezolano?” en tono burlón, parece que es necesario decirlo y repetirlo miles de veces para que se acuerden que se puede ser (y somos) venezolanos y pensar como te parezca y no necesariamente vestirte de un solo color y pensar como te manden a pensar. Soy venezolano de los que vivimos el día a día en un país dónde nunca se sabe si al final del día estaremos vivos, y donde al final de la jornada solo queda dar gracias a Dios por permitirnos estar con los que queremos. Mi país se ha convertido en un campo de guerra, en donde al venezolano de a pie lo envían todos los días a la batalla, desarmado, con nada más que sus esperanzas de progresar, su fe en Dios que lo traiga sano y salvo a su casa y sus ganas de salir de abajo, mientras al enemigo, que son los criminales, los corruptos, los opresores (entre otros), los arman con el arma mas destructiva para este país, que es la impunidad, como si la verdadera guerra fuese contra los venezolanos mismos. A mi si me duele mi país, no soy ni vende patria, apátrida, burgués, imperialista, ni cualquier adjetivo que los que piensen distinto a mi les provoque usar en mi contra. Yo soy venezolano, de los que se les infla el pecho cuando escucha el himno nacional en cualquier lugar del mundo o de los que se hacen los duros para no llorar con la letra de la canción titulada "Venezuela", de los que les duele ver al país destruido y en manos de incompetentes, de criminales tanto tradicionales como de cuello blanco y guantes de seda, de los que les duele que se interpreten las leyes a gusto y conveniencia de los que tienen poder para controlarlo. Ya basta de los tiempos de miseria. De que te roben y que el consuelo sea "Da gracias a Dios que no te paso nada". De que caminemos por la calle con miedo a que la necesidad del marginado nos quite la vida a cambio de un celular, un carro o dinero. De que el que se supone es mi hermano, por haber nacido en el mismo país donde yo nací, me maldiga, insulte y descalifique, solo por no pensar igual que el y por seguir las acciones de los falsos líderes. De que todos los días veamos a alguien en un ataúd, alguien que conocimos, que quisimos y qué fue quizás nuestro amigo, hermano, padre, madre o quizás un simple conocido, al que la violencia del país en el que vivimos se haya llevado. Que nuestra calidad de vida este tan por debajo de lo que debería, que en un supermercado te alegres el día que consigas todo lo que te hacia falta. Que la corrupción llegue al nivel más vil y descarado, de estar en el punto de no saber si temerle más a los criminales o a las autoridades. De que los servicios públicos no sirvan, o de que los beneficios que deberían facilitarle la vida al ciudadano, sean un total caos, por el que hay que mendigar. De que para conseguir trabajo en el sector público, tengas que arrodillarte a los intereses del gobierno de turno, gritar una consigna, usar la franela de un color y nunca haber demostrado con una firma estar en contra d un mandatario, ya basta de que nuestros familiares o amigos cercanos tengan que irse del país buscando mejores oportunidades o bajo amenazas de delincuentes... Se que me quedo corto al mencionar los problemas de mi país, pero se que la idea esta allí, y que los verdaderos venezolanos, los que DE VERDAD vivimos aquí en la Venezuela que describo, en este campo de guerra donde nos toco vivir (y no en ese mundo mágico, en esa falacia en la que viven los demagogos con la cual apelan al sentimiento del pueblo para ganar elecciones) sabrán darme la razón y decir que ya basta y que es justo y necesario empezar a cambiar este país, nuestro país... Como diría un reconocido escritor venezolano "La indolencia, señores… ha llegado a su fecha de vencimiento"

Juan L. Quintero.